sábado, 16 de marzo de 2013

Democratización de la Justicia - Por Agustina Lloret y Verónica Gostissa.






"Severidad - Igualdad - Verdad- Justicia - Derecho - Ley" - Techo del Palacio de Justicia (6to piso, ascensor 10)


Dado que fuimos elegidas para romper el hielo respecto del debate sobre la “democratización de la justicia”, expusimos lo que surgió luego de charlas e intercambio de pareceres (apoyados en anécdotas personales, ya que ambas laburamos con abogados litigantes en materia penal).

Tan así es que pudimos (o al menos intentamos) establecer 5 cuestiones positivas, y 5 negativas, con respecto a los presupuestos teóricos planteados por el movimiento autodenominado “Justicia Legítima”.

En primer lugar, consideramos que la “democratización” implica generar mecanismos que permitan acercar el sistema judicial al pueblo y viceversa. Hoy por hoy, el pueblo se encuentra muy por debajo de la línea sobre la que se posicionan los funcionarios del Poder Judicial, por lo cual es necesario que se tomen medidas que permitan acortar las distancias entre el pueblo y “vuestras señorías”. 

Andrés Harfuch y Alfredo Pérez Galimberti señalan en esta nota, que debe implementarse de una vez por todas, el juicio por jurados (aquella vieja promesa constitucional que ya es una realidad en dos provincias de nuestro país). Esa sería una buena medida para acercar el pueblo a la (mal denominada) “justicia”. Aún si se implementara el jurado escabinado, se estaría dando un primer paso importante: el pueblo deliberando de la mano de “vuestras excelencias”.



El pueblo deliberando




         
Como contraparte, la forma de bajar a los miembros del Poder Judicial del unicornio que los transporta habitualmente a aquel mundo de fantasía ubicado en sus despachos, viene por el lado de que empiecen a participar del pago de impuestos que permiten que el Estado haga efectivos los derechos constitucionalmente consagrados. El Estado no vive del aire, sino que necesita sumas de dinero para conformar sus presupuestos y ponerse en acción; y los jueces no tienen por qué estar exentos de cumplir con esa contribución. Empezar a hacerlo, implicará una democratización. Las coronitas tienen que desaparecer.


Pequeño Pony alado
                                               


En segundo lugar, es necesario terminar con todas aquellas prácticas (desde la más pequeña hasta la más burda y exagerada) que reproduzcan un sistema que, en palabras de la Procuradora General de la Nación, se nos presenta como “burocrático y autoritario”


Gils Carbó sostuvo que “... tiene que haber un cambio cultural. Creo en el poder transformador de la cultura.” Esto nos recuerda a una idea ya planteada por Julio B. J. Maier, en “Fundamentos”. Este autor sostiene que “... en el Derecho procesal penal, las manipulaciones del poder político son más frecuentes y notables; se halla bajo una perpetua tensión, común al Derecho en general, pero más evidente y directa en él: la tensión entre el interés por conservar las estructuras políticas vigentes y el interés por transformarlas.” (p. 260). Es decir, cultura y reglas procedimentales o prácticas que rigen al proceso penal, son inescindibles. 


Como bien señalamos, esta burocracia se manifiesta en secuencias muy pequeñas y hasta insignificantes (aunque plagadas de falta de sentido común), como ser el absurdo de que cada juzgado/fiscalía/sala de la cámara que sea, maneje un horario personal para la extracción de fotocopias; o que inclusive, haya que presentar un escrito solicitando fotocopias cada vez que lo necesitás, así estés presentada 145 veces en la causa. Ni hablar de los estampillados.

******Solemos tener conversaciones de este tipo con las personas de la mesa de entradas, que son casi siempre contemporáneos/as a una, lo cual tira un poco abajo toda posible expectativa de un mundo mejor:

- ¿Puedo sacar una copia de esto último que agregaron?
- Me tenés que traer un escrito solicitando copias.
- Fotocopié esta causa 200 veces, por ende hay 200 escritos solicitando fotocopias a lo largo y a lo ancho de cada uno de los cuerpos que la componen.
- No, no importa. Traeme un escrito nuevo.
- ¿Puedo usar el scanner manual, asi no tengo que venir entre las 8 y las 8.30 de la mañana?
- No.
- ¿Por qué no? Si saco fotocopias tengo que venir temprano, uno de ustedes tiene que dejar de hacer lo que sea que esté haciendo para acompañarme a la fotocopiadora, y pierdo dinero.
- Porque no.
- Pero si vos me pasás la causa y yo agarro una hoja y me pongo a copiar a mano todas las contestaciones de oficio que hay, estoy 5 horas. Con este aparatito en 3 minutos me llevo toda la información y ustedes no pierden nada.
- No. Es criterio del tribunal.
- TE AGRADEZCO. ********


Como dijo Gils Carbó: Es burócrata el que sigue un ritualismo exacerbado (…).

 Judiciales: pónganse en los zapatos de los litigantes, aunque sea un minuto       



En un sentido más profundo, la burocracia y la preponderacia de la escritura, también van de la mano. Hay que eliminar aquellas prácticas representativas del sistema inquisitivo, y lograr la instauración de un sistema netamente acusatorio, en el cual todo el proceso sea preponderantemente oral. Esto va a implicar que haya inmediación entre las partes del conflicto y el juez que interviene en el proceso mediante el cual se pretende solucionarlo; y que, por ende, se elimine la delegación irresponsable en subordinados.





En tercer lugar, se ha propuesto un cambio en la formación de los profesionales, especialmente los que componen al sistema judicial. Esto se relacionado con todo lo dicho anteriormente: de la mesa para adentro, deben haber personas que estén dispuestas a comprender las problemáticas que trabajan en el día a día.

Por ejemplo, no da igual si la excarcelación la sacás mañana o pasado porque saliste a un after judicial con tus amigos y te pintó trashearla y hoy quedaste con resaca: hay una persona en cana, su futuro está en tus manos. El lugar que ocupás es de una responsabilidad muy grande y es hora de que lo entiendas.



Say no more.


Lo mismo, si se reciben personas de pocos conocimientos jurídicos –analfabetos, inclusive-: no se puede adoptar una postura reproductora de aquello que evidentemente maman de sus superiores, a saber: el uso de terminología de estudiante avanzado de derecho que no le soluciona los problemas a aquella madre que está desesperada buscando a su hijo que cayó en cana y no sabe dónde encontrarlo.
  

Tiene que haber un cambio de mentalidad. Se tiene que resignificar al sistema judicial como un sistema al servicio del pueblo. Mientras los más altos magistrados no entiendan esto y se comiencen a comportar en consecuencia, sus empleados no harán más que reproducir ese tipo de prácticas elitistas y poco productivas – en el sentido social de la palabra.

En cuarto lugar, consideramos que es necesario empezar a generar consciencia política (no confundir lo “político” con lo “partidario”) por parte de la sociedad respecto al Poder Judicial, toda vez que todos fuimos, somos y seremos usuarios del servicio que aquel nos presta (o por lo menos dice prestarnos). Esto se relaciona con el imaginario social que se tiene respecto de la “Justicia”, como un concepto ajeno a nosotros y de tamaño inconmensurable. El servicio de salud, por citar un ejemplo, sí es visto como un verdadero servicio, y así es considerado por la sociedad. La idea es que –mediante los cambios que se están ahora poniendo en plano de discusión- se logre un cambio en este imaginario colectivo que tenemos sobre la justicia, logrando así un acercamiento al mismo al sentir que nos “sirve” (que no es útil, nos ayuda).

El hecho de que deba existir una garantía de acceso a la justicia para TODOS y no sólo para los que pueden costearse un buen abogado, o llenar los papeles que tiene que llenar, o que sabe a dónde tiene que dirigirse, nos pone a todos en la situación de que la elección de aquellos que vayan a controlar a quienes ejercen la función judicial, pase a ser un DEBER CÍVICO. Pareciera injusto que el pueblo tenga que tolerar gratuitamente los malos desempeños, sin poder tomar cartas en el asunto, quedando su frustración en una simple queja que nunca provoca consecuencias prácticas favorables para el futuro. Mediante la creación de "casas de justicia" (como espacios chicos donde sea fácil acercarse para poder obtener ayuda y acceso a la justicia real) y un control fuerte de los magistrados, se podría ir logrando un gran cambio.


Como punto importante para conocer cómo es el desempeño de los magistrados, debería existir una suerte de difusión mediática no solo de las decisiones que estos toman, sino que los mismos deberían hacer un esfuerzo porque sus sentencias sean susceptibles de ser entendidas por la generalidad de la sociedad. Que la sentencia de la causa Cromagnon tenga 1500 fojas, es un despropósito. Por otro lado, no podemos perder de vista un planteo que ha hecho Alberto Binder en su libro de Introducción al Derecho Penal, con respecto al poco conocimiento que existe respecto de la circunstancia de que los juicios penales (y solo penales, por ahora) son de acceso público. Los medios no dan a conocer este dato. Poca gente sabe que puede ingresar a una sala de audiencia y ver -y por ende, controlar- cómo se desenvuelven los jueces en sus tareas.

En quinto y último lugar, algo que resulta de mucha importancia para los estudiantes de derecho: la selección del personal de los juzgados en base a la idoneidad. Hay que eliminar el dedo mágico al momento de seleccionar personal para juzgados, fiscalías o defensorías, o a aquel fantástico tubazo que pega aquel juez que nos conoce, y entonces -con tan solo marcar un número y tirar un par de frases-, consigue puestos.

El guante mágico



Es desalentador saber que la formación académica no es el factor determinante para poder ingresar a trabajar, sino que el único requisito necesario es tener algún “conocido” adentro. Recién este año podemos ver un cambio al respecto, ya que se hizo una convocatoria pública y abierta para ingresar al Ministerio Público de la Defensa (de todos modos, admitimos que nuestro escepticismo foucaultiano no deja de sospechar de la forma de selección final). Asimismo, se fueron naturalizando las diferencias entre quienes fueron colocados en puestos judiciales vs. quienes trabajamos en estudios particulares: trabajo en blanco vs. trabajo en negro, exención de cursar el práctico en la facultad de Derecho y posibilidad de cursar posgrados o másters sin costo o con interesantes descuentos vs. ninguno de estos beneficios (!). Es claro que se busca instruir a los operadores judiciales en determinada línea de pensamiento. No es casual que la mayoría de los profesores de posgrado sean funcionarios de la justicia. 





Además, nos pidieron que pensemos 5 puntos o cuestiones negativas en torno a la temática, y se nos ocurrió solo una. Esto no es de tendenciosas que somos: no nos casamos con nadie. La realidad es que lo único negativo que pudimos detectar de todos estos presupuestos teóricos, tiene que ver con la posibilidad de que al ser llevado a la práctica, se reproduzca aquel mismo sistema judicial autoritario y burocrático que se buscaba aniquilar, aunque sus protagonistas o figuras sean otros/as.

"Foucault tenía razón"


Por ahora, ya es suficiente con que estas reflexiones e intercambios de ideas estén teniendo un lugar y repercusión en las aulas, en los pasillos, en los cafés y en los medios de comunicación. Ya veremos qué resulta de todo esto! 

Por último, queremos cerrar con una frase interesante: “Mal que les pese a muchos, la cuestión de la reforma de nuestro enjuiciamiento penal no tiene como trasfondo un problema de orden técnico, sino que trasunta un verdadero problema cultural” (Julio B. J. Maier, Fundamentos, p. 262).  

Esperamos que este primer post no les haya parecido largo o embolante. Esperamos muchos comentarios e intercambio de pareceres!

Beso para todos!





3 comentarios:

Estudiantes dijo...

Estimadas compañeras co-tuiteras,

Si bien estoy casi que totalmente de acuerdo con todo lo antedicho, hay algo que me gustaría agregar a la cuestión que me quedé pensando luego de la clase.

Todos debatimos sobre cómo debiera ser la elección de los jueces, pero pareciera que nos focalizamos únicamente sobre el control de los mismos - no me parece menor -. Ahora bien, hay un detalle que creo que a nadie se le escapa que es establecer cuáles pueden ser los costos de tener acceso a elegir por democracia directa a estos jueces.
Esto lo plantee en la clase pero creo que no tuvo mucha repercusión, y de hecho surgió un debate en relación que fue sobre la "educación" de los electores y como eso afecta su capacidad de razonamiento para elegir.

Entonces, yo lo que planteo para abrir el debate es:
COMO CONVIENE ELEGIR A LOS JUECES? En un primer lugar pensé: bueno, dejémonos de joder y vamos por elecciones directas.. Autómaticamente pensé que los jueces entonces tendrían que tener campañas políticas, y realizar algún tipo de sistema de partidos, pero del poder judicial. Automáticamente siento que esta idea es mega controvertida.
Cómo elegimos a los jueces? Si nos quejamos de las elecciones de los demás poderes, por qué no nos vamos a quejar para elegir a este poder también??

Además, hay otro elemento de manipulación que es el siguiente: si se intenta deslegitimar un gobierno, hablando de la incapacidad de los electores, cómo no se va a intentar hacer lo mismo con los jueces? entonces, las sentencias que dicten esos jueces, serán ilegítimas?

pero entonces me pregunto... Actualmente, los jueces están exentos de dictar sentencias ilegítimas???

Entonces, sigo con mi pregunta, sin poder encontrar una respuesta: cómo podemos mejorar el sistema de elección de los magistrados.

Y para terminar, el otro día un amigo abogado italiano me decía "Cómo puede ser que Buenos Aires se mantenga en pie, cuándo a los jueces al final los termina eligiendo el ejecutivo??" Le parecía la aberración más grande.

Para pensar...


Y ahora sí termino: si la única justicia que pregonamos es la legítima, todos aquellos que por válidos motivos no comulguen en el colectivo de "Justicia Legítima", entonces, son ilegítimos??

Es dura la dicotomía.


Saludos a todos, la radio está muy buena.

Malena. @malenamaceira

Agustina Lloret dijo...

Male,

El tema de las elecciones directas es polémica, más que nada porque -como vos bien decís- eso implicaría que los jueces se pongan al frente de campañas políticas, algo que ocurre actualmente con los fiscales (no recuerdo si con los jueces también...) en E.E.U.U. Eso hace que en E.E.U.U. cada uno de los fiscales maneje su propia política criminal como medio para obtener mayor cantidad de votos. Esto, trasladado a nuestro país (calculo que algo parecido debe ocurrir allá, por las propias características de la relación de ese país y su sociedad con el delito...), llevaría a una ampliación sin precedentes de las respuestas punitivas que se le puedan dar a los delitos, frente al pedido de "mano dura" por parte de los electores. Un juez/fiscal que basara su campaña política en el reduccionismo penal (y ni hablar en el abolicionismo penal), no obtendría cargo ni de escribiente auxiliar en ningún lado. El neopunitivismo está en alza (esto me hace dudar un poco del juicio por jurados, también. Pero ese es un tema que ya hablaremos!)

Por otra parte, es cierto que si nos quejamos de las irregularidades que se presentan en las elecciones a los demás cargos políticos, esto mismo se traslade a la figura de jueces o fiscales... no hay dudas.
En mi opinión, no está mal el sistema que existe hoy (como estamos hoy, digamos, lo que podemos hacer HOY mismo. Tal vez en el futuro haya que cambiarlo, pero es un camino largo): concurso y elección final de un juez/fiscal por terna en cabeza del ejecutivo (tengo entendido que ocurre así. quien sepa que no es así, que me corrija!)
El tema pasa por mejorar el sistema del concurso en sí mismo. He escuchado a muchos abogados que se dedicaron durante AÑOS a la profesión, decir que el ejercicio particular de la profesión nunca suma tantos puntos como haber sido pinche/escribiente auxiliar/sumariante en cualquier cantidad de juzgados desde que sos pichón de boga. ESO ya es un problema. Que el que tuvo 100 años de laburo puertas adentros sume no sé cuántos puntos de concepto y deje al abogado que litigó fuera de juego, es un problema. Me parece que hay que apostar a la cuestión de la idoneidad, más que delegar la tarea de elegir a los jueces al propio pueblo.
DISTINTO es el papel que puede cumplir el pueblo en la elección de aquellas personas que habrán de controlar a los jueces. Esto requeriría, de todos modos, que se produzca un mayor acercamiento del pueblo a los espacios de acción de los jueces (toda la cuestión de que no están enterados que pueden asistir a los juicios orales y controlar de qué modo se desempeñan...).

Puede que tu amigo italiano tenga la posta, pero como pusimos en el post... se tiene que dar un cambio cultural puertas adentro y puertas afuera del Poder Judicial... El problema más grande es que el pueblo se acostumbró a estar excluido de esas cuestiones: nunca se nos guió en esas conductas controladoras o críticas de lal función judicial... Se produjo una especie de delegación con confianza ciega, y saltamos solo ante casos muy puntuales donde el desastre judicial es EVIDENTE e INDIGNANTE.
Es un caminazo.

Por último, el tema de la dicotomía "justicia legítima/ilegítima", estoy muy de acuerdo con vos... es absolutamente polémico, y en mi opinión: sí, están queriendo decir eso. Están queriendo decir que quienes quieran -en mayor o menor medida- un poder judicial con características distintas a las planteadas por ellos, quieren una justicia ilegítima. Ojo, simbólicamente no sé si está mal, pero es claramente divisoria de aguas... Para mí están queriendo plantear que el sistema judicial que conocíamos hasta hoy ya no es válido. Lo válido ahora es ESTO y tu tu tu tu, tiran todas las pautas.

Bueno, me fui de mambo.

Beso!
Agustina Lloret.

@bravalloret

Leandro Dias dijo...

"El neopunitivismo está en alza (esto me hace dudar un poco del juicio por jurados, también. Pero ese es un tema que ya hablaremos!)"

Aplausos de pie.